Los rebollares de Castilla y León no son un recurso estático. Analizando las parcelas del Inventario Forestal Nacional medidas en tres momentos distintos a lo largo de unos veinte años, LIFE+REB ha comprobado que estas masas están creciendo y madurando de forma sostenida.
El volumen medio de madera en pie ha aumentado en todas las provincias entre el segundo y el cuarto inventario, pasando para el conjunto de la región de unos 35 a más de 60 metros cúbicos por hectárea. El incremento es especialmente marcado en Palencia, donde el volumen se ha más que duplicado, mientras que Burgos registra los valores más altos en la última medición y Segovia los más moderados.
Que las masas acumulen cada vez más volumen significa que también almacenan más carbono. Buena parte de los rebollares procede de antiguos montes bajos gestionados para leña que, al reducirse esos aprovechamientos, han ido envejeciendo y ganando biomasa. Es una tendencia favorable desde el punto de vista de la mitigación, pero que conviene acompañar con gestión.
Masas cada vez más densas y envejecidas pueden volverse también más vulnerables a la sequía y a los incendios. Conocer cómo evolucionan los rebollares permite anticiparse y orientar su gestión para que sigan creciendo de forma sana, manteniendo a la vez su papel como sumideros de carbono y su capacidad de proporcionar madera de valor.