El rebollo, una madera que resiste el paso del tiempo

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Antes de emplear una madera en exteriores o en contacto con el suelo conviene saber cuánto resiste el ataque de hongos e insectos. Esa resistencia, propia de cada especie, se denomina durabilidad natural y determina si la madera necesita tratamientos protectores para alargar su vida útil. LIFE+REB la ha medido para el rebollo en colaboración con el Instituto de Ciencias Forestales (ICIFOR, INIA-CSIC).

Los ensayos, realizados según la norma europea EN-350, sometieron la madera de rebollo a hongos de pudrición y a termitas subterráneas. En esas pruebas, el rebollo mostró una durabilidad natural superior a la del roble francés (Quercus robur), el castaño y el haya, tres de las maderas de frondosa más empleadas. Los resultados se han publicado además en la revista científica Forests y diferentes congresos de productos de madera internacionales, lo que respalda su validez más allá del proyecto.

Esta durabilidad amplía los usos posibles de la madera de rebollo. Una especie naturalmente resistente necesita menos tratamientos químicos para durar, lo que reduce costes y mejora su perfil ambiental. En función de dónde vaya a colocarse interior, exterior protegido o a la intemperie, este dato permite decidir con criterio si requiere o no protección adicional, y evita sorpresas una vez puesta en obra.

Junto con sus propiedades mecánicas, la durabilidad confirma al rebollo como una madera competitiva frente a otras especies tradicionales. Es un argumento más para destinar la mejor madera de estos montes a productos duraderos, en los que el carbono permanece retenido durante décadas, en lugar de quemarla como leña.

Imagen
Durabilidad rebollo
Albura-duramen rebollo