Una parte central de LIFE+REB ha sido demostrar, en la práctica, qué productos se pueden fabricar con madera de rebollo. A partir de la madera de los rodales demostrativos, el proyecto ha desarrollado y ensayado una gama de productos de larga vida y ha recogido sus parámetros de fabricación en una guía técnica y en fichas de producto.
Entre ellos figuran suelos de madera y perfiles laminados para carpintería como marcos de ventanas y puertas, vigas laminadas encoladas y KVH para uso estructural, barricas para la crianza de vinos y licores, y tableros aglomerados a partir de la madera de menor calidad. En total se han fabricado y evaluado cientos de muestras para comprobar su comportamiento real.
El caso de las barricas es ilustrativo. La tonelería trabaja tradicionalmente con roble francés o americano, pero el proyecto ha mostrado que el rebollo local puede ofrecer prestaciones similares, con menor huella de transporte y un valor añadido de cercanía y sostenibilidad. Cada producto se acompaña de información sobre sus materias primas, calidades y prestaciones finales.
Todos comparten un mismo sentido climático, que es mantener el carbono retenido. Por cada metro cúbico de madera en rollo, un tablero llega a fijar del orden de 346 kg de carbono, y la tarima o los perfiles unos 122 kg, frente a la liberación inmediata que supone quemar esa misma madera. Dar a la madera de rebollo destinos duraderos es, por tanto, una forma concreta de contribuir a la mitigación del cambio climático.